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ODONTOFLIX BY ODONTO DGO

Herramientas simples
para tu consultorio.

Herramientas simples para resolver tareas concretas de tu consultorio. Aplicaciones independientes, con prueba previa y pago único por la versión adquirida.

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Cada app trae su instructivo adentro: cómo se usa, paso a paso. Si algo falla, escribís y se resuelve por garantía.
Notas

Para leer entre paciente y paciente

Gestión · 6 min

Cuánto tiempo (y plata) perdés por no tener el consultorio digitalizado

Nadie se sienta a medir lo que cuesta el desorden. Se paga igual, en cuotas invisibles.

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Hay una cuenta que casi ningún odontólogo hace, y no es por vago: es porque la pérdida nunca llega junta. Llega en pedacitos de diez minutos, en un turno que se cayó, en un presupuesto que quedó en un papel abajo del teclado. Ninguno de esos episodios duele lo suficiente como para frenar y arreglarlo. Sumados, sí.

El turno que se cayó y no te enteraste

Un paciente que no viene y no avisa te deja un hueco que ya no vendés. No es solo la práctica que no hiciste: es el sillón parado, la asistente pagada y el paciente que sí quería ese horario y al que le dijiste que no había lugar. La mayoría de esas ausencias no son mala fe, son olvido. Y el olvido se combate con un recordatorio a tiempo, no con enojo.

Fijate cuántos huecos así tuviste el mes pasado. No los estimes: contalos en tu agenda. Multiplicá por lo que cobrás la consulta. Ese número, todos los meses, es el precio de no avisar.

La media hora del cierre

Terminás de atender y arranca la segunda jornada: pasar lo del día a algún lado, ver quién pagó, anotar quién debe, buscar el teléfono de la señora del jueves. Si eso te lleva veinte o treinta minutos por día, no es un rato: son entre siete y diez horas por mes. Una semana laboral entera, al año, en tareas que no requieren un título de odontólogo.

El presupuesto que quedó en un papel

El presupuesto armado a mano después de la consulta tiene un problema: llega tarde. El paciente ya se fue del consultorio, ya se le enfrió la decisión y ya escuchó a un familiar decirle que lo piense. El presupuesto que se cierra es el que el paciente ve mientras todavía está sentado en el sillón, con vos explicándoselo.

Y después está el otro agujero: los presupuestos que mandaste y nunca supiste en qué quedaron. Si no tenés una lista de cuáles están pendientes, no hay seguimiento posible. Muchas veces no es que el paciente dijo que no: es que nadie volvió a preguntar.

El paciente que no volvió

Este es el más caro y el más silencioso. Alguien que se atendió con vos hace un año y medio, que quedó conforme, y que simplemente dejó de venir. No se fue enojado ni se cambió de profesional: se le pasó. Volver a traer a ese paciente cuesta bastante menos que conseguir uno nuevo, porque ya te conoce y ya confía. Pero para eso hay que saber que existe, y eso requiere tener la lista de quién hace cuánto que no aparece.

La plata que está cargada y nadie mira

Los tratamientos largos se pagan en cuotas, y las cuotas se olvidan de los dos lados. El paciente no se acuerda de que le falta una, vos no te acordás de que la debe, y a los cuatro meses hay un saldo abierto que nadie va a reclamar porque ya pasó demasiado tiempo y da vergüenza. Eso no es morosidad: es falta de registro.

Lo mismo con el laboratorio. Un trabajo que se mandó, que volvió, que se colocó y que nunca se facturó completo. Sin una lista de qué está pendiente, esas puntas quedan sueltas y no vuelven.

Hacé la cuenta con tus propios números

No te voy a tirar un porcentaje inventado. Agarrá tu agenda del mes pasado y contá cinco cosas: los turnos que se cayeron sin aviso, los minutos que le dedicaste al cierre administrativo, los presupuestos sin respuesta, los saldos que quedaron abiertos y los pacientes que hace más de un año que no ves. Ponele plata a cada uno con tus valores.

El número que te da no es una amenaza de vendedor: es lo que ya estás pagando, todos los meses, sin factura. Digitalizarse no es comprar tecnología por moda. Es dejar de pagar esa cuenta.

Por dónde empezar sin volverse loco

El error clásico es querer ordenar todo de golpe, en enero, con un sistema gigante. Eso no sobrevive a la primera semana de trabajo real. Elegí el agujero más caro de tu lista —el que te dio el número más alto— y tapá ese solo. Un mes usándolo hasta que sea costumbre. Después el segundo.

Ordenarse en serio se parece más a una rutina que a una compra. La herramienta ayuda, pero lo que cambia el resultado es el hábito de mirar el número una vez por semana.

Decisión de compra · 7 min

Qué mirar antes de comprar un software para tu consultorio

Seis preguntas incómodas para hacerle a cualquier vendedor. Incluido yo.

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Comprar software para el consultorio se parece bastante a comprar un sillón: la demo siempre se ve impecable y los problemas aparecen a los seis meses. La diferencia es que del sillón te podés arrepentir y venderlo. De un sistema donde metiste dos años de historias clínicas, no tanto.

Estas son las preguntas que conviene hacer antes de decidir. Sirven para cualquier proveedor.

1. ¿Dónde quedan los datos de mis pacientes?

No aceptes «en la nube, está todo seguro» como respuesta. Preguntá concretamente: ¿en qué país están los servidores? ¿Quién más tiene acceso? ¿Qué pasa con mis datos si dejo de pagar el abono? La respuesta tiene que ser específica y por escrito. Acordate de que, frente a tus pacientes y frente a la Ley 25.326, el responsable de esos datos sos vos, no el proveedor.

2. ¿Cómo me llevo mi información si me quiero ir?

Esta es la pregunta que más incomoda y la más importante. Si la única forma de exportar tus datos es un PDF de cuatrocientas páginas, no tenés tus datos: los tiene el proveedor. Pedí ver la exportación funcionando, en la demo, antes de comprar. Un CSV, un Excel, un archivo que puedas abrir sin ellos.

3. ¿Qué pasa si mañana se caen ellos?

Si el sistema es 100% online y el proveedor cierra, cambia de dueño o tiene una caída, ¿podés seguir atendiendo? ¿Podés ver la historia clínica del paciente que tenés sentado adelante? Preguntá qué pasa si te quedás sin internet un martes a la mañana. La respuesta te dice bastante.

4. ¿Cuánto cuesta de verdad, a dos años?

El precio del primer mes no es el precio. Sumá: abono mensual por doce, por dos años, más los usuarios extra, más los módulos que «no venían incluidos», más la implementación inicial. Compará ese total con lo que efectivamente te resuelve. Un abono chico durante mucho tiempo termina siendo caro sin que te des cuenta.

5. ¿Cuánto tarda mi asistente en aprenderlo?

Un sistema que necesita tres días de capacitación tiene un problema de diseño, y ese problema lo vas a pagar en errores de carga durante meses. Si en la demo no podés cargar un paciente y un turno vos solo, sin que nadie te guíe, no lo va a terminar usando nadie en tu consultorio.

6. ¿Puedo probarlo con mis datos antes de pagar?

Una demo guiada donde el vendedor maneja el mouse no cuenta. Probar es abrirlo vos, cargar tres pacientes reales, mandar un mensaje, generar un presupuesto y ver si te sirve. Si no te dejan hacer eso sin dar la tarjeta, preguntate por qué.

Tres señales de alarma

Hay cosas que no son estafas pero avisan que la vas a pasar mal. La primera: el precio que no está publicado en ningún lado y solo aparece después de una reunión. Si el precio depende de cuánto parezcas poder pagar, ya sabés cómo va a ser la relación.

La segunda: funciones que se describen con adjetivos en vez de verbos. «Potenciado con inteligencia artificial» no dice nada. «Te ordena los turnos del día por horario y te arma el mensaje de recordatorio» sí. Si nadie te puede explicar qué hace el botón, probablemente el botón no haga gran cosa.

La tercera: la migración de tus datos actuales cotiza aparte. Es legítimo cobrarla, pero tiene que estar en el número desde el principio, no aparecer cuando ya firmaste.

La pregunta que se hace uno mismo

Antes de todo lo anterior: ¿qué problema concreto estoy tratando de resolver? «Ordenarme» no es un problema, es un deseo. «Se me caen turnos sin aviso» sí lo es. «Mando presupuestos y no sé en qué quedaron» también. Un problema definido se resuelve con una herramienta chica y barata. Un deseo difuso se resuelve comprando un sistema enorme que después no usás.

Y si la respuesta honesta es «no sé», esperá. Un mes anotando en papel qué es lo que más te hace renegar vale más que cualquier demo. Después comprás sabiendo.

Datos y privacidad · 6 min

Por qué cada vez más consultorios eligen herramientas que corren local

La nube no es mala. Simplemente no siempre hace falta, y tiene un costo que no figura en el precio.

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Durante unos años pareció que todo tenía que estar en la nube, sí o sí. Hoy varios consultorios están volviendo a mirar herramientas que corren en su propia computadora, y no por nostalgia. Es una decisión práctica.

Qué quiere decir «local»

Una aplicación local se abre en tu navegador y guarda lo que cargás en tu propia máquina. No hay una cuenta en un servidor ajeno, no hay sincronización, no hay un tercero con una copia. Vos abrís la app, cargás pacientes y esa información se queda ahí, en ese equipo.

La ventaja legal, que es la más grande

Frente a la Ley 25.326 de Protección de Datos Personales, el responsable del tratamiento de los datos de tus pacientes sos vos, el profesional matriculado. Eso no cambia según dónde estén guardados. Lo que sí cambia es cuánta gente los toca.

Si los datos están en tu equipo y en ningún lado más, la cadena es corta: vos y tu computadora. Si están en la nube de un proveedor, la cadena se alarga: el proveedor, su hosting, sus empleados con acceso, sus servicios de backup. Ninguno de esos eslabones es necesariamente malo, pero todos son eslabones que vos no controlás y por los que igual respondés.

No depender de que otro siga existiendo

Una herramienta local sigue funcionando aunque el que la hizo desaparezca. No hay servidor que se apague, no hay cuenta que se suspenda, no hay migración de urgencia. Es tuya de la misma manera que es tuyo el sillón.

Funciona sin internet

El consultorio no siempre tiene buena conexión, y la agenda no puede depender de eso. Una app local abre igual con el wifi caído: podés atender, cargar, cobrar y consultar la ficha del paciente sin señal.

Lo que hay que aceptar a cambio

Sería deshonesto vender esto como si no tuviera contras. Tres, concretas:

  • El respaldo es tu responsabilidad. No hay backup automático en un servidor. Si se te rompe la computadora y no bajaste la copia, perdiste los datos. Por eso toda app local seria tiene un botón de exportar, y hay que usarlo: una vez por semana, a un pendrive o a tu propio Drive.
  • No se comparte sola entre dos consultorios. Si atendés en dos lugares y querés ver lo mismo en los dos, una app local no te lo resuelve sin que muevas el archivo a mano.
  • La seguridad física importa más. Si los datos están en esa máquina, quien se siente en esa máquina los puede ver. Clave en la computadora, sesión bloqueada y cuidado con quién la usa.

Cómo se hace bien el respaldo

Como el respaldo es la única contra seria, vale la pena hacerlo bien y dejar de pensar en el tema. Tres reglas que alcanzan:

  • Un día fijo. Viernes al cerrar, siempre el mismo. Un respaldo que depende de que te acuerdes no existe; uno que es parte del cierre, sí.
  • Dos lugares distintos. La copia en la misma computadora no es una copia: si se rompe el equipo, se rompen las dos. Un pendrive que vive en el cajón y tu Drive personal alcanzan.
  • Probala una vez. Una sola vez en la vida, abrí el archivo de respaldo y restauralo en otra máquina. Un backup que nunca se probó es una suposición, no un respaldo.

Si el archivo tiene datos de pacientes, ponele contraseña y no lo dejes dando vueltas en el escritorio compartido. La copia hereda toda la sensibilidad del original.

Entonces, ¿cuándo conviene cada una?

La nube tiene sentido si son varios profesionales trabajando sobre la misma ficha, en sedes distintas y al mismo tiempo. Ahí la sincronización es el producto, y vale lo que cuesta.

Lo local tiene sentido si sos uno o dos, atendés en un lugar, querés que la información no salga de ahí y no querés sumar otro abono mensual. Que es, más o menos, la mayoría de los consultorios.

La pregunta no es cuál es mejor en abstracto. Es cuál de los dos problemas tenés vos.

Dudas

Preguntas frecuentes

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